Hematofobia – Qué es, causas y tratamiento

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En este artículo te traemos una fobia muy común: la Hematofobia, la fobia a la sangre.


Qué es la Hemtofobia

Es un miedo anormal y persistente a la sangre. Las víctimas, de esta fobia muy común, temen ver hasta su propia sangre. Las personas que sufren de esta fobia sienten un temor extremo a las heridas, a los centros hospitalarios y a las jeringas. La hematofobia muchas veces puede tener consecuencias bastante molestas para el individuo que la padece y puede llevarlo a complicaciones o trastornos más graves, como por ejemplo, ansiedad e incapacidad para acudir a una atención médica, hasta sentir mucho temor para realizarse un simple análisis de sangre.

Algunos enfermos de hematofobia experimentan una reacción fóbica típica caracterizada por un aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Otros pacientes experimentan una reacción fóbica atípica caracterizada por una disminución de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, causando palidez y debilidad. Incluso pueden desmayarse. Aquellos con la última reacción pueden desarrollar un nuevo miedo: “el miedo a desmayarse”.

Estos casos con mucha frecuencia suelen ser los más complicados y los que generan más problemas, ya que el miedo extremo a la sangre les genera muchas dificultades para llevar una vida normal, tranquila y saludable. La hematofobia se caracteriza por la anticipación de los pensamientos (“Estoy seguro de que si voy al médico tendré que someterme a una cirugía”); (“Será mejor que no vaya, prefiero no saberlo”).

Lo más relevante e interesante es que estas personas con solo presenciar agujas, vísceras, heridas, o en concreto elementos que se relacionen directamente con la sangre, comienzan a presentar una serie de reacciones fisiológicas que hay que vigilar y cuidar. La buena noticia es que estas reacciones pueden volverse controlables y pueden superarse.


Hematofobia: una respuesta bifásica

Los individuos que sienten miedo a la sangre experimentan una respuesta bifásica en su organismo, es decir, que cuando piensan o ven cualquier problema o situación que esté relacionada con la sangre responderán en dos fases:

Primera fase:

Esta resulta del shock y susto que se genera de inmediato en la persona, originándose en ella una respuesta típica de ansiedad y dónde posteriormente los aspectos fisiológicos, como la frecuencia cardíaca, presión arterial y la frecuencia respiratoria, se activan y se elevan bruscamente.

Segunda fase:

Se caracteriza por la disminución abrupta de las variables que se habían activado en la primera fase. Esto trae como consecuencia que la sangre no circule bien hacia la periferia, causando esa sensación de falta de fuerza en nuestras manos y pies. El suministro de sangre también se reduce, y el resultado final puede ser desmayo. De hecho, la tasa de desmayos, según algunos autores, alcanza el 80%. Teniendo en cuenta que la prevalencia es de alrededor del 40% de la población, se obtiene la conclusión estadística de que mucha gente se desmaya por ver sangre.


¿Cuáles son las causas de la hematofobia?

La hematofobia o miedo a la sangre puede originarse por la combinación de factores extrínsecos (situaciones traumáticas) y factores intrínsecos (herencia o genética). La aparición de esta fobia a la sangre se puede producir por un elemento desencadenante específico, generalmente una experiencia traumática relacionada con sangre a una edad temprana.

Diversos estudios revelan y muestran que la genética, la herencia y la química cerebral se relacionan y se combinan con las experiencias vitales para desempeñar un papel importante en la aparición y desarrollo de la hematofobia.


¿Cuáles son los síntomas de la hematofobia?

Estos pueden variar según el individuo y dependiendo de su nivel de miedo.

Los síntomas generalmente son los siguientes:

  • Ansiedad  
  • Frecuencia respiratoria aumentada
  • Falta de aliento
  • Temor y pánico
  • Ritmo cardíaco inestable y variable, (taquicardia o bradicardia)
  • Sudoración profusa
  • Mareos
  • Boca seca
  • Náuseas
  • Disartria, (incapacidad para articular palabras o frases)
  • Temblores distales

¿Se pueden tomar medicamentos para la hematofobia?

La indicación de medicamentos esta prescrita, pero hay que considerar que estos pueden generar reacciones secundarias a la persona e incluso originarles síntomas de abstinencia.

Además, es de vital importancia tomar en consideración que los medicamentos no curan la hematofobia, en el mejor de los casos solo suprimen o disminuyen temporalmente la sintomatología.

El asesoramiento psicológico, la psicoterapia, la hipnoterapia y programación neuro-lingüística, son elementos vitales en el manejo del paciente con hematofobia, ya que los mismos pueden mejorar con la aplicación de estas terapias cognitivas.


Hematofobia: supera tu miedo

Si todos sufrieran esta fobia, ¿quién estaría a cargo de realizar la cirugía? Aunque es en gran parte una respuesta natural, hay personas que, mientras están expuestas a la sangre, logran superar el miedo sin siquiera saberlo.

Situaciones como acudir a hospitales, atender o prestar ayuda a personas heridas, realizarse análisis de sangre o donaciones, son evitadas a toda costa por los individuos que padecen de hematofobia. Es en este punto en el que el miedo a la sangre puede convertirse en un trastorno psicológico importante. Al nivel de llegar a la perturbación de la vida normal.

Lo bueno de todo esto, es que hay maneras de lidiar con ese miedo, aprendiendo a responder a todas las situaciones evitadas por miedo a la sangre. Pero lo ideal es visitar a un psicólogo si los síntomas son intensos y persisten en el tiempo.

Consejos para ayudarte a superar tu miedo a la hematofobia:

  • Siéntate. La sensación de mareo puede provocar desmayos. Es importante que siempre te sientes para evitar causarte una lesión por la caída.
  • Aprieta fuertemente los brazos.
  • Pon las manos en las piernas. Aprieta tus manos con fuerza como si tuvieras algo dentro de ellas, durante 10-15 segundos y luego suéltalas.
  • Respira lentamente y relájate.
  • Reduce el estrés controlando tu respiración. Relaja los músculos de tus manos, esta parte durará aproximadamente 15-20 segundos.
  • Aprieta fuertemente las piernas.
  • Fuerza las plantas de tus pies contra el suelo mientras aprietas las rodillas. Durante 10-15 segundos.
  • Respira lentamente y relájate nuevamente.
  • Afloja tus miembros inferiores durante 15-20 segundos.
  • Aprieta fuerte el cuerpo.
  • Aprieta el cuerpo como si fueras a ponerte de pie. Adopta la posición que haces al levantarte de una silla, pero en realidad, no estarás haciendo el esfuerzo de levantarte. Esta posición apretará todo tu cuerpo.
  • Para finalizar, respira lentamente y relájate.

Una vez que hayas contraído todos los músculos, ahora si puedes estar consciente de haber relajado todo el cuerpo.

Esta técnica de relajación se utiliza con mucha frecuencia como tratamiento de la hematofobia, pero es importante recordar estar siempre atento a todos los miedos y entrenar tus habilidades cognitivas.

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